Scriptorium: “Memoria”. Por Diego Citterio

En la Argentina, el ejercicio ciudadano de la memoria comenzó tempranamente, casi en simultáneo con la recuperación democrática.
Los organismos de derechos humanos -Madres, Abuelas, ex detenidos- sostuvieron una lucha incansable por verdad y justicia, aun en condiciones adversas. El Juicio a las Juntas de 1985 constituyó un hito de alcance mundial. Sin embargo, la presión militar sobre el gobierno de Raúl Alfonsín derivó en las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que clausuraron, por un tiempo, la posibilidad de juzgar a los responsables.
En 1996, al cumplirse veinte años del golpe, se produjo lo que diversos analistas denominaron “el estallido de la memoria”. La agrupación HIJOS irrumpió en la escena pública con nuevas formas de acción -como los escraches- destinadas a señalar a los represores que permanecían impunes, amparados tanto por las leyes del alfonsinismo como por los indultos del menemismo.
Tras la crisis de 2001, la consigna “Memoria, Verdad y Justicia” volvió a cobrar fuerza y logró abrir un nuevo ciclo: la reapertura de los juicios. Muchos de los responsables de crímenes de lesa humanidad comenzaron entonces a ser juzgados, proceso que continúa hasta hoy. Paralelamente, el trabajo persistente de las Abuelas de Plaza de Mayo permitió la restitución de la identidad de más de 140 nietos, apropiados ilegalmente durante la dictadura. A su vez, los equipos de antropología forense siguen encontrando restos en fosas comunes, recordándonos que el pasado no ha terminado de decir su última palabra.
Sabemos, además, que la desaparición forzada de personas no fue un exceso aislado, sino parte de un plan sistemático de exterminio, reconocido como delito de lesa humanidad. Sabemos también que la sociedad argentina ha sostenido, con esfuerzo y tensiones, más de cuarenta años de continuidad democrática.
Por eso, resulta difícil de comprender que hoy ocupe la primera magistratura un lumpen que reproduce discursos que creíamos definitivamente saldados por la historia. No se trata aquí de una mera disputa política, sino de los fundamentos éticos sobre los que se asienta la vida democrática.
Este 24 de marzo no es una fecha más. Es una interpelación. Que seamos muchos en las calles no responde a una liturgia vacía, sino a la necesidad de reafirmar, una vez más, que Memoria, Verdad y Justicia no son consignas del pasado, sino pilares irrenunciables de cualquier sociedad que aspire a ser democrática.
*- Por Diego Citterio
Historiador. Docente e investigador universitario
Fuente: www.lavozdejujuy.com



